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Martes 26 de abril de 2011
Palacio Carrasco de Viña del Mar

Las actuales edificaciones de la avenida Libertad conforman un perfil muy distante de la idea con que la traza su promotor, José Francisco Vergara. Sin embargo, aún es posible, entre 3 y 4 Norte, participar cabalmente de un registro vigente de aquella desaparecida concepción espacial.

Sirviendo de fondo para la poco destacada obra del escultor francés Auguste Rodin, se encuentra la vivienda que Emilio Carrasco encarga, en 1912, al arquitecto Alfredo Azancot.

El llamado Palacio Carrasco nunca fue habitado por su dueño, quien murió en 1923. Un año antes de ser terminado y en 1930, Manuel Ossa, alcalde de Viña del Mar, lo compra para sede municipal. El posterior desarrollo comunal hace que algunas reparticiones tengan que buscar otras localizaciones, hasta que producto del terremoto de 1971, la alcaldía se muda al Palacio Rioja, deshabitándolo y sólo vuelve a ser ocupado en 1977, como un Centro Cultural que incluye el Museo Fonck, la Biblioteca y Archivo Municipal.

En el inmueble, que destaca por la simetría, la raíz francesa es indudable y su manifestación más evidente es la ocupación del entretecho, que genera la materialización de una suerte de piso extra. Éste es conformado por una techumbre de pendientes muy inclinadas e iluminado por unas ventanas verticales que se interceptan, por medio de un volumen más pequeño, con el plano de la cubierta. Esta solución fue incorporada al acervo de la arquitectura hacia 1640, en obras como el castillo de Maisons, por el arquitecto Francois Mansart, de quien hereda el nombre, mansarda.

Los dos pisos, más zócalo y mansarda se aprecian claramente, gracias a la disposición de la vegetación, desde el exterior y aunque su revestimiento semeja una firme construcción en piedra, bajo el estuco se encuentra la tradicional estructura de madera rellena con adobillos que caracteriza a la edificación unifamiliar de la ciudad.

El segundo componente es el parque perimetral, hoy día de circulación pública, en el cual el volumen se emplaza simétricamente y ocupando menos del 40% del terreno, le entrega al inmueble un espacio de amortiguación que permite aislarlo de la calle. La dimensión de esta superficie arbolada, que genera un sutil claroscuro, favorece el desarrollo de una perspectiva que permite recorrer plenamente sus cuatro fachadas y a través del recorrido en el parque se aminora la rigidez propuesta por el orden arquitectónico, de clara influencia historicista.

Una transición que desde el exterior hacia el interior se inicia en la vereda, se prolonga en el jardín y continúa a través de la escala de dos ramas que acogen la llegada y lo comunican, terraza exterior de por medio, con el acceso del primer piso, materializando en ese recorrido la porción más flexible del proyecto.

En 1986, el parque, el inmueble y la escultura son declarados, "Monumento Histórico Nacional", ratificando que el volumen y el extenso jardín que lo rodea son los que, en conjunto, generan el valor.

El volumen, claramente vertical, se inserta en un parque evidentemente horizontal y ambos construyen el conjunto, en el cual lo no construido pasa a ser tan importante como lo construido, situación que permite relaciones que nos conectan directamente con el Viña fundacional, la Ciudad Jardín.