Año 176 - Nro. 60195 - Lunes 14 de octubre de 2002
 

Jorge Américo Spedaletti

 
 

El amo del gol

 
 

Tras el desgraciado accidente que sufriera el ex atacante evertoniano y que lo mantiene conectado a un respirador artificial, su imagen recobra vigencia y se agiganta entre quienes lo admiraron tanto en el plano futbolístico como en el humano.

 
 

PEQUEÑOS HINCHAS.- Jorge Américo Spedaletti se ganó el afecto de los viñamarinos, especialmente de los niños, quienes vieron en él un ejemplo a seguir.

 

PATRICIO LEAL VERGARA

 

El paso de Jorge Américo Spedaletti por Viña del Mar, será por siempre imperecedero. Y cómo olvidarlo, si con sus actuaciones y goles llenó de alegría al pueblo evertoniano, cada fin de semana en que se puso la casaquilla oro y cielo, especialmente en su primera incursión por tierras viñamarinas.

Llegó para formar parte del plantel estelar que, en 1976, dirigió el técnico Pedro Morales y que estuvo bajo la presidencia de Antonio Martínez. Sus antecedentes futboleros avalaban absolutamente su contratación, tras ser goleador en Morning Star (su club de origen en Rosario, Argentina), Gimnasia y Esgrima de la Plata, Universidad de Chile y Unión Española, jugando con la camiseta número 9, la del centrodelantero.

El sueño de los viñamarinos lo hizo realidad, en gran parte, el rosarino. Tocar nuevamente la copa de campeón, luego de 24 años del último título, parecía, a comienzos de aquel año, una quimera. Sin embargo, el plantel que se conformó sobrepasó todos los cálculos previstos y ya, en los compromisos preparativos de corte internacional, el equipo dejó de manifiesto que, si eran capaces de golear al linajudo River Plate, no deberían ser tan complicados los rivales nacionales . A poco de iniciarse el campeonato, Everton ya se alzaba como puntero y el cuadro, lentamente iba entusiasmando a sus exigentes hinchas.

El 2 de mayo de 1976, Spedaletti anotaba su primer tanto del torneo en el 2 a 1 frente a Lota Schwager, en Sausalito. Luego vendrían los otros ante Rangers, Santiago Morning (2), Aviación, Huachipato, Concepción (2), Antofagasta (2), Palestino, Green Cross, Unión Española, Ovalle y Naval (2), para completar las 16 conversiones que lo alzaron como goleador de su equipo, sin contar las faltas penales que le cometieron y los pases gol que constantemente les brindó a sus compañeros de equipo, especialmente a su socio futbolero, Sergio Ahumada. Los suyos fueron todos de juego. No era especialista en penales o tiros libres, pero a él no le importaba, para eso estaba su compañero Mario Salinas.

UN IDOLO

Con su tranco largo, estatura prominente, frente levantada, buen dominio de balón y su olfato de gol, siempre supo sobreponerse a las férreas defensas que, pese a la presión, nunca lograron sacarlo de sus casillas, pues "El Flaco" siempre tuvo una conducta impecable. Su figura se hizo inconfundible para los viñamarinos que, de inmediato, como si hubiera sido toda la vida evertoniano, lo transformaron en su ídolo.

La celebración por el título de 1976 resultó apoteósica, luego de la segunda definición con la Unión Española, su ex equipo, con el que había saboreado también el éxito al ser campeón nacional y subcampeón de Copa Libertadores de América en 1975.

Spedaletti no se conformó con ser figura relevante a nivel de clubes, también quería jugar por la Selección Chilena. Cuando el tiempo de estada en el país se lo permitió, logró su carta de nacionalidad y cumplió su anhelo de vestir la "Roja" poco antes de integrarse al plantel de Everton.

En la Copa América 75, el mismo Pedro Morales lo convocó para jugar con los seleccionados de Bolivia y Perú. El 16 de julio, Spedaletti ingresó en reemplazo de Julio Crisosto, cuando Chile empató uno a uno con los peruanos en el estadio Nacional ñuñoíno. Cuatro días después jugó sus primeros 90 minutos en esa copa ante Bolivia en Oruro.

Su última experiencia con la "Roja" no terminó como a él le gustaba, jugando a ganador y anotando goles. Por las eliminatorias para Argentina '78, Caupolicán Peña lo incluyó como titular frente a Perú en el trascendental partido que se jugó el 26 de marzo de 1977 en el estadio Nacional limeño y que finalizó con la derrota de 0 a 2 para Chile.

Quizás su mayor orgullo hubiera sido volver a la tierra que lo vio nacer para demostrar que su calidad futbolera estaba intacta a los 30 años de edad, pero el destino quiso otra cosa.

En los instantes en que Jorge Américo Spadeletti sigue luchando por su vida, la figura del "Flaco" se agiganta y, más allá de repasar su excelencia dentro de un campo de juego, está el valorar sus cualidades humanas que, donde quiera que anduvo, las exhibió.